Día 1
Anchorage Area
Comienza la aventura: llegada, norte de Anchorage y la llanura del Mat-Su
Llegada a Anchorage
Aunque Alaska pueda parecer lejana, y de hecho las diez horas de diferencia horaria lo demuestran, bastan 8,50 h. para llegar a Anchorage desde Fráncfort. Se pone rumbo decididamente hacia el norte bordeando la costa noruega, luego la islandesa, para atravesar Groenlandia y llegar al norte de Alaska pasando por encima de Canadá. Desde aquí, una travesía de toda Alaska hasta nuestro destino en el sur. Un camino hecho de hielo y de colores espléndidos, que incluso desde diez mil metros de altitud resplandecen como solo el gran Norte sabe mostrar. El vuelo de Condor llega puntual, reservándonos una grata sorpresa poco antes de la llegada: la vista de la Alaska Range con el McKinley que se eleva a nuestra izquierda. Como comienzo, no está mal.
Entrada en EE. UU. y control de las botas
Durante el control de entrada en EE. UU. nos abren la bolsa que contiene las botas y las encuentran sucias de tierra. Pensamos que presentarse en Estados Unidos con las botas algo manchadas de tierra podría suponer, como mucho, una falta de etiqueta, pero en cambio nos las requisan temporalmente y las hacen lavar en un local contiguo, para devolvérnoslas después de habernos interrogado cordialmente sobre dónde habíamos estado con ese calzado, con el fin de saber si éramos portadores involuntarios de semillas de riesgo. Así comenzamos nuestra aventura con las botas en perfecto estado. Todo esto nos cuesta diez minutos, pero salimos del aeropuerto con el calzado como nuevo. ¡Estamos en Alaska!
Eagle River y los salmones rojos
Nos trasladamos a la terminal de vuelos nacionales para dirigirnos a Alamo, donde recogemos el coche, un Chrysler de muy buena factura. Existe una lanzadera que va de una terminal a otra, pero estamos llenos de energía y vamos a pie, maletas incluidas. El tiempo es muy variable, de cuando en cuando caen algunas gotas entre claros de cielo despejado. Sobre todo vemos cierta estabilidad de nubes sobre las Chugach Mountains, nuestro primer destino. Compramos bebidas y comida en una gasolinera, ya que en los próximos días los comercios serán muy escasos, o incluso inexistentes.
Nos dirigimos a Eagle River, a 13 millas de la Glenn Hwy, en el corazón de las Chugach Mountains, para ir a ver los salmones rojos que llegan para desovar. No podemos ir más allá del mirador, ya que el Albert Loop Trail está cerrado por riesgo de encuentros con grizzlies, que en esta época frecuentan la zona para cazar salmones. El lugar merece la visita por la vista de los peces, pero no es inolvidable.
A continuación se visita Thunder Bird Falls con una caminata de 2 millas (ida y vuelta) para ver una cascada agradable, que como mucho puede representar la ocasión de una excursión de un día para los habitantes de Anchorage.
Eklutna: lago, pueblo y memoria rusa
Volvemos para retomar la Glenn Hwy e ir a Eklutna para ver la Eklutna Lake State Recreation Area, un lago que consigue ser precioso incluso con la presencia de nubes, que al reflejarse impiden que las montañas y los glaciares circundantes hagan lo mismo. Al acercarse a las montañas, la cobertura nubosa termina prevaleciendo sobre el cielo azul que caracteriza, en cambio, la llanura.
Vamos al Eklutna Village Historical Park, donde se encuentra el cementerio indio y también hay muchas tumbas con nombres rusos, señal evidente del pasado de esta zona. Sobre las tumbas hay unas pequeñas casetas coronadas por cruces ortodoxas, probablemente para representar la idea de la nueva casa del difunto, claro símbolo de la superposición entre costumbres indias y rusas. Lo cierto es que, en caso de niebla, adquiriría el aspecto de un lugar siniestro habitado por fantasmas. Cerca se encuentra una bonita iglesia ortodoxa rusa de madera (St. Nicholas Church).
Una vuelta en coche por el pueblo indio de Eklutna nos da, en cambio, una idea bastante deslucida de la población local. Casas de madera con gente sin hacer nada en particular, y numerosos vehículos y electrodomésticos oxidándose en el más completo abandono.
Wasilla y el mito del Iditarod
Con todos estos compromisos logramos combatir bien el sueño, tanto que nos desplazamos hasta Wasilla, ciudad natal de Sarah Palin (candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos junto a McCain contra Obama). Visitamos el Iditarod Race Headquarters, sede de la organización de la famosa carrera de perros de trineo de 1.688 km hasta Nome. En 1925 estalló en Nome una epidemia de difteria y no había asistencia médica. Al ser invierno, 20 equipos de perros de trineo partieron desde Nenana y en 127 horas consiguieron hacer llegar el suero que salvó a la ciudad. El perro líder, llamado Balto, se convirtió en un héroe. Quienes conducen el trineo son los mushers, los conductores. En recuerdo de aquella carrera contra el tiempo nació una competición deportiva que se ha convertido en uno de los eventos más seguidos de Alaska, con gran resonancia también en los Lower 48 (los demás estados que componen los EE. UU.). Por razones climáticas, en los últimos años la carrera ha salido de Willow, situada más al norte, pero la organización y la sede histórica se encuentran aquí.

Palmer, cena y primera noche
Nos trasladamos a Palmer en busca de un lugar donde descansar. Lo encontramos en el Pioneer Motel, que además nos recomienda un restaurante donde probamos el halibut. Lástima que no tenga licencia para servir alcohol y tengamos que posponer nuestra primera cita con la cerveza de Alaska. Palmer es un centro agrícola con una historia muy particular. Nació en 1935 gracias a 203 familias que llegaron aquí desde Michigan, Minnesota y Wisconsin a causa de la crisis de 1929, como parte de un experimento que pretendía colonizar nuevas tierras del norte.
Noche en Palmer
Después de cenar vamos a ver las "afueras", donde se extienden praderas delimitadas por montañas. En este lugar se encuentran los cultivos de hortalizas más grandes del mundo. La corta temporada estival, junto con las largas horas de luz, hace que la producción agrícola sea especialmente abundante y que las hortalizas crezcan más que en cualquier otro lugar.
Vemos también muchos edificios de carácter religioso. Cuando regresamos son las 20:30, que corresponden en Italia a las 6:30 de la mañana siguiente, es decir, el día de Ferragosto. Consideramos que por hoy ya hemos resistido bastante y nos concedemos un merecido descanso.
Alojamiento
Palmer – Hotel







