Day 11
Torres del PaineII
Segundo día en Paine. Hoy nos dirigimos a la base de Torres del Paine.
Torres Paine y Campamento Chileno
Si ayer dedicamos el día a los Cuernos, hoy le toca el turno a Torres Paine, el verdadero símbolo del parque. Esta vez entramos desde sector este pasando entre numerosos guanacos disfrutando del frescor de la mañana. Hemos descubierto que el guanaco, al igual que el ñandú, es comestible y a partir de ahora tendremos cuidado con los menús que nos ofrezcan. El día sigue siendo hermoso, aunque ya no tenga el esplendor único de ayer. Entramos al parque por el este, por la Guardería Laguna Amarga. Sentimos la primera emoción. cruzar un puente que se parece al bonsái del de Brooklyn. Por debajo corre un torrente vertiginoso, la anchura permite el paso mesurado de un coche (tras una cuidadosa comprobación de los datos del vehículo en el folleto) y el peso está limitado a 1.500 kg en total, salvo recomendación de dejar bajar a los pasajeros. Condicionados por todas estas prescripciones volvemos brevemente a la entrada donde están apostados los guardaparques, a quienes pedimos aclaraciones. Nos dicen que crucemos con calma que no debe pasar nada. Lo cual lo hacemos con cierta precaución, también porque ir más rápido coincidiría con rayar los costados. Dejamos el vehículo en el Hotel Las Torres e iniciamos un recorrido de casi 3 horas, correspondientes a 1.000 m. de diferencia de altitud. Mientras estamos en el bosque, apenas se siente una ligera lluvia en medio del calor húmedo, pero los árboles impiden que el agua se filtre. bajemos a campamento chileno (también hay un refugio) para llegar al de Torres, que conduce a un tramo final de fuerte subida para salir bajo los imponentes campanarios de Torres. Mientras tanto la lluvia da paso a un cálido sol que lo ilumina todo menos la cima de las Torres. Las cumbres quedan envueltas en un halo de nubes que van y vienen y que de vez en cuando dejan brillar las cumbres. Por la tarde el sol se apoderará de todo el parque, a excepción de nuestras cimas que ahora están casi completamente libres de nubes pero con el fondo gris, lo cual no es raro. Sin embargo, se puede apreciar plenamente su majestuosidad, lo que justifica sobradamente su fama.
Laguna Azul y Cascada Paine
En el camino de regreso pasamos por Laguna Azul, con las torres estrictamente al fondo. El nombre dice mucho de a lo que nos enfrentamos. En el camino que conduce a la laguna nos encontramos con el Cascada Paine, del que no sabíamos mucho pero que por sí solo habría valido la pena el desvío.

Las sombras empiezan a alargarse y no nos cansamos de mirar las muchas guanacos quienes en grupo disfrutan de este último trozo de la tarde. Son muchas pequeñas escenas de un teatro: la pequeño que apesta leche de la madre, los jóvenes del rebaño ahuyentan al mayor que intenta regresar, etc. Esta noche logramos regresar temprano y podemos regalarnos una cena tranquila: vamos al restaurante Don Jorge y nos toca la parrillada, una mezcla de carnes a la parrilla que contiene ternera, cordero, pollo, morcilla y chorizo. Todo lo necesario para quitarte ese “mínimo” de apetito. Los postres van desde mousse de calafate hasta flan casero. En el restaurante, cuando estamos a punto de terminar las libaciones, se preparan para preparar la cena del día siguiente. Para este fin cuelgan unos corderos para asado, que se ponen en la hoguera para ser cocinados al día siguiente. Dicen que se les debe dejar madurar así para ser mejores. Sólo sabemos que cuando pasan a la mañana siguiente su aspecto no es el más apetecible, pero no tenemos dudas de que lo será en cuanto se encienda el fuego del medio. Para Nochevieja tienen previsto preparar 6 corderos. Los tres primeros empezarán a dar vueltas al fuego sobre las 14:00 horas mientras que los siguientes empezarán 3 horas más tarde, que es el tiempo necesario para cocinar el asado al palo. Un sueño reparador y legítimo nos consolará de nuestros esfuerzos.







